
Cayó al suelo sin poder sostenerse de algo, la caída fue inevitable, su vestuario que la marginaba de la sociedad estaba roto y en mal estado, cubierto de polvo, su rostro, manos y pies, estaban ensangrentados por los golpes que le ocasionaron aquella multitud que la llevaba a la muerte. Aquella mujer se quedo mirando fijamente esa avenida, esa calle le era familiar, Por esa misma calle, ella recuerda que un día paso, caminó por ese sendero acompañada de su esposo, días felices aquellos que nunca más regresaron.
Talvez su esposo se fue a la guerra o a un país lejano, pero nunca regreso, en la soledad y en la escasez, comenzó a conocer a otros hombres que le prometían el cielo y la tierra solo para aprovecharse de ella.
Los años pasaron y ella se quedo con ese estilo de vida que no era agradable para la -sociedad se había convertido en una “prostituta”.
Un día fue descubierta con el esposo de otra mujer, por lo cual se hizo un gran alboroto, una multitud enardecida deseaba quitarle la vida. Ya en el suelo esperando recibir su castigo y pasar al mundo de los muertos, resignada que nada ni nadie la podía salvar, escucho unas palabras, expresiones hermosas y dulces que salían de un hombre que escribilla con su mano en la tierra, aquellas palabras le salvaron la vida y le dieron a esa mujer esperanza de una nueva vida. “El que de vosotros este sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Palabras sabias y poderosas que confrontaron el corazón de aquella multitud que la quería asesinar. Acusados por su conciencia comenzaron a marcharse uno por uno, comenzando desde los más viejos, hasta los más jóvenes .
Jesús le pregunto a la mujer: ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condeno?
Ella dijo: -- ninguno señor-- Jesús le dijo:- ni yo te condeno, vete y no sigas haciendo el mal.
La mujer con mucho esfuerzo se levanto del suelo, pero al levantarse nació de nuevo.
Ese momento marcaba el inicio de una vida diferente para ella.
Su corazón latía más parecía salirse de su pecho, al pasar en un momento de la muerte a la vida, ella miraba con sus ojos llenos de lagrimas aquel hombre que le había salvado la vida
Su mirada era fija, mirada de amor, de agradecimiento, de alegría, porque algo que nunca se imagino sucedió, para ella todo estaba perdido, estaba resignada a pagar por su culpa, pero en un momento, quizá en el último minuto, unas palabras le salvaron la vida.
Comenzó a caminar, sus pasos eran firmes y ligeros, su corazón latía más, pero ya no sentía tristeza ni dolor, al contrario sentía alegría, paz y tranquilidad, algo que no había sentido antes, ni cuando se deleitaba de los placeres de este mundo, era una paz que aquel hombre a quien llamaban “Jesús de Nazaret “ le había dado. Desde ese momento su vida fue diferente, se dedico a vivir en la luz alejada del mal camino, comenzó a servir a Jesús, estaba muy agradecida y no podía pagarle con nada, solo con su vida.
Aquel deseo de servir a Jesús era grande, decidió dejarlo todo y seguir al dador de la vida. Al que da paz al corazón, al que salva el alma angustiada, allí comprendió que lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.
Porque no hay montaña tan alta, que no pueda subir, no hay tempestad tan grande que no pueda vencer, porque si Dios esta conmigo ¿Quién contra mi? Le motivo a seguir adelante, crea en su corazón que es posible lo imposible y que puede lograr cualquier meta que se proponga, crea en usted, tenga fe y crea en Dios.
LA PRIMERA PIEDRA
viernes, diciembre 10
Publicado por José Velásquez en 19:49 0 comentarios
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